El verano suele asociarse con descanso, alegría y recreación. Sin embargo, las altas temperaturas, los cambios de rutina y la presión social por “disfrutar” esta época pueden impactar positiva o negativamente en la salud mental de las personas.
Una mayor exposición a la luz solar incrementa la producción de serotonina, neurotransmisor relacionado con el bienestar, la energía y la motivación. Esto explica por qué muchas personas se sienten más activas y con mejor ánimo durante esta época.
No obstante, el calor extremo puede generar letargo, cansancio, irritabilidad y deshidratación, disminuyendo la capacidad de concentración y aumentando la sensación de malestar. A esto se suma que muchas personas se refugian en espacios cerrados con climatización, reduciendo la actividad física y la interacción social.
Es así como las vacaciones, lejos de ser solo descanso, pueden transformarse en una fuente de presión. Esto porque la expectativa social de tener que disfrutar- sumado al aumento de gastos, las carreteras con mayor congestión vehicular y la desorganización de las rutinas habituales- generan tensión.
En particular, quienes son más estructurados o necesitan sentir control pueden experimentar mayor ansiedad frente a la incertidumbre de esta época. Adicionalmente, las altas temperaturas obligan a disminuir el ritmo, reducir actividades, permanecer más tiempo en casa y, en muchos casos, dejar de practicar deporte, una de las principales vías para disminuir el estrés. En personas emocionalmente más vulnerables, esto puede intensificar la irritabilidad, el cansancio y la desmotivación.
Aunque las vacaciones buscan descanso, estar excesivamente quietos puede aumentar la ansiedad. Es por ello que mantener actividades placenteras, rutinas suaves y momentos planificados ayuda a estabilizar el ánimo. Dormir adecuadamente, hidratarse, alimentarse bien y realizar actividad física moderada son pilares fundamentales.
Además, el verano puede intensificar la sensación de pérdida. Es decir, mientras el entorno brilla para la mayoría de las personas, quienes han atravesado duelos, rupturas o ausencias pueden experimentar tristeza al contrastar su propia realidad con el ambiente festivo.
Respecto a los hábitos que ayudan a la salud mental, es recomendable permitir espacios personales de descanso, dedicar tiempo real a la familia, realizar actividades pendientes que entreguen satisfacción y mantener movimiento físico según la tolerancia climática.
También es importante moderar el consumo de alcohol, ya que puede aumentar la impulsividad, la irritabilidad y los síntomas depresivos, y cuidar el uso de redes sociales, porque la comparación constante puede generar frustración, presión y sensación de insuficiencia.
En relación al descanso, hay que entender que no existe una sola forma correcta de descansar, pues cada persona debe identificar qué actividades realmente le permiten desconectarse, bajar las revoluciones y recuperar energía emocional.
A la vez es crucial buscar apoyo profesional o hablar con redes cercanas si aparecen señales como falta de energía o motivación sostenida, irritabilidad constante, dificultad para dormir o descansar, sensación permanente de alerta, aislamiento social o la percepción de que “todo está bien afuera, pero yo no”.
En el fondo, durante las vacaciones es recomendable optar por actividades que generen bienestar real, compartir con personas con las que exista interés genuino, permitir momentos de ocio sin culpa y practicar el autocuidado emocional y físico.
Por Enzo Arias, psicólogo de Clínica Colonial – www.clinicacolonial.cl




















