La muerte de la osa Amelia en Quilpué ha genarado visiones contrapuestas entre la administración pública y organizaciones civiles. Mientras el Bioparque Fundo del Carmen atribuye el deceso a un tumor silencioso propio de su avanzada edad, la Fundación Gestión Ética para la Dignidad Animal (GEDA) califica lo ocurrido en el recinto como una negligencia encubierta.
Desde la Dirección de Desarrollo Comunitario (Dideco) de Quilpué, de la cual depende el Bioparque, el director Cristian Fritz enfatizó que no existió un actuar negligente ni detección tardía. Fritz detalló que el último chequeo exhaustivo de Amelia se realizó el 12 de noviembre de 2025, incluyendo examenes que no revelaron la patología. «Los tumores suelen ser detectados únicamente cuando generan manifestaciones clínicas visibles, y en muchos casos los hallazgos de una necropsia no son identificables durante la vida animal», señaló.
Asimismo, añadió que se aplicó un protocolo de cuidados paliativos para evitar el sufrimiento, centrado en el manejo el dolor y apoyo nutricional. Aseguró que se mantienen controles periódicos bajo estándares internacionales de Asociación Latinoamericana de Parques Zoológicos y Acuarios (ALPZA) para los demás animales geriátricos del recinto.
Para Juan Carlos Orostica, presidente de la Fundación GEDA, el cambio de zoológico a bioparque es solo un «maquillaje comunicacional».
Según el dirigente, los animales permanecen en condiciones paupérrimas y la muerte de Amelia refleja una falta de recursos y diagnósticos preventivos reales.




















