Este tratado después de haber sido ratificado por más de 80 naciones, entró en vigor el 17 de enero de 2026; convirtiéndose en el primer tratado internacional legalmente vinculante, cuyo objetivo se concentra en la protección de los océanos, en todas aquellas áreas que en la actualidad se encuentran totalmente desprotegidas desde el punto de vista de la Biodiversidad, la contaminación y la seguridad de la vida humana en el mar; áreas que no están contempladas en la Convención de las Naciones Unidas Sobre el Derecho del Mar de 1982, conocida también como CONVEMAR, lo que es un aspecto deficitario, del cual se espera que el tratado BBNJ se haga cargo.
Respecto de los mares y océanos del mundo y de la regulación existente de todas las actividades antrópicas realizadas en estos, se puede decir que el interés principal de los estados se ha remitido más que nada a la delimitación de los espacios marítimos jurisdiccionales que les corresponden, de conformidad con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 (CONVEMAR), ignorando de cierta manera una real y consciente preocupación por una protección eficiente de la diversidad biológica existente en espacios marítimos como la Alta Mar.
Esto da pie para pensar que la Alta Mar es tierra de nadie, donde cualquier nación, incluso aquellas que por geografía, topografía y límites terrestres no tienen acceso al mar; las que pueden ingresar y hacer uso de la alta mar, pudiendo realizar actividades de cualquier tipo en ella, sin que nadie pueda impedirlo, lo que indudablemente es un riesgo considerando que toda la biodiversidad biológica existente en esta gran Alta Mar, se encuentra actualmente en una notable desprotección, ante lo cual se requiere una pronta intervención a nivel global que permita cambiar y revalorar el estatus de la Alta Mar, pues son muchas las actividades nefastas que se han realizado y se siguen realizando en estos espacios marítimos de la Alta Mar.
Como una respuesta a este oscuro panorama, que se viene manteniendo incluso desde antes de la entrada en vigor de la CONVEMAR, tenemos al fin una buena noticia que se refiere a la elaboración en acuerdo de los estados miembros, de un Tratado de Alta Mar y Protección de la Biodiversidad Biológica en los océanos del mundo; también llamado Tratado Global de los Océanos.
Este tratado, su acuerdo y su ratificación en número suficiente de estados, es la herramienta fundamental para el cumplimiento del compromiso 30×30 que los países hicieron en la Conferencia de la ONU sobre Biodiversidad Biológica (COP15), en Montreal, Canadá en diciembre del 2022, que busca proteger un tercio del mar (y la tierra) para 2030; objetivo que estaría destinado al fracaso, ya que no existía un mecanismo legal para establecer AMP en alta mar.
El tratado cubrirá casi dos tercios del océano que se encuentra fuera de las fronteras nacionales, y proporcionará un marco legal para establecer amplias áreas marinas protegidas y así proteger la vida silvestre y compartir los recursos genéticos. Además, establecerá una Conferencia de las Partes (COP), la Cumbre Anual que realiza la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se reunirá periódicamente y permitirá que los estados miembros rindan cuentas sobre temas como la gobernanza y la biodiversidad.
La sobreexplotación del ambiente terrestre, ha llevado a que la humanidad centre su atención, en forma específica y diferenciada hacia el ambiente marino, constituido por los mares y océanos del planeta, que, en relación a la tierra, ocupan el 75% de éste, motivo por el cual se ha dado en denominarle “Planeta Azul”. Esta realidad coloca ante nuestros ojos un espacio medianamente utilizado, aún, cuando existen áreas en diferentes lugares del globo, que están virtualmente colapsadas desde el punto de vista de las grandes pesquerías, por ejemplo.
Este hecho debe llevarnos a ser previsores, manteniendo una lucha constante por la defensa del medio marino, que por muy grande y extenso que este sea, está expuesto a correr la misma suerte que el medio terrestre, lo cual pondría en grave riesgo la sustentabilidad del ser humano y sus posibilidades de vida en la Tierra. También es cierto, que, si propendemos al cuidado del medio marino, esto debería hacerse, manteniendo una consecuencia con los principios del desarrollo sustentable, para lo cual se requiere del acuerdo de los países del mundo (desarrollados y en vías del desarrollo).
Finalmente, en la ruta de la implementación de este Tratado de Alta Mar (BBNJ), podemos mencionar que Chile ha postulado oficialmente a la ciudad de Valparaíso como sede de la Secretaría Técnica del tratado, lo que sin duda es una buena noticia para nuestro país y para todo el hemisferio sur, considerando que todas las instancias de este tipo hasta ahora se han establecido en el hemisferio norte. Chile es un país que tiene claros antecedentes de participación efectiva en organismos de este tipo de nivel internacional, lo que avala su postulación, con la cual se busca descentralizar la gobernanza oceánica posicionando a Chile como un actor clave en la sostenibilidad del océano Pacífico. Cabe mencionar que Chile tendrá que competir principalmente con Bélgica (Bruselas), considerado el corazón diplomático de Europa, postulación que de ser ganada por Chile lo posicionaría en una importante posición de liderazgo en el Pacífico Sur, que es una responsabilidad que nuestro país dada su competencia en el ámbito marítimo puede cumplir.
Silvio Becerra Fuica
Diplomado en Gestión Integrada de Zonas Costeras
Cartógrafo Náutico




















