Ante un incendio en una instalación industrial o centro de almacenamiento cercano a sectores habitados, la atención suele centrarse en el avance del fuego. Sin embargo, uno de los mayores riesgos también puede estar en las sustancias químicas liberadas al aire durante la emergencia.
En Chile, numerosas actividades productivas utilizan compuestos químicos en refrigeración, manufactura y almacenamiento. Entre ellos destacan el amoníaco empleado en frigoríficos, hidrocarburos presentes en combustibles, solventes, gases refrigerantes y diversos plásticos y materiales sintéticos.
Durante un incendio, estos materiales no solo se queman. Las altas temperaturas provocan su descomposición y generan sustancias potencialmente peligrosas, como gases irritantes, partículas ultrafinas, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles.
Por ejemplo, el amoníaco es un gas irritante de ojos, nariz y pulmones. Los plásticos y materiales sintéticos liberan gases tóxicos durante su combustión. Los combustibles derivados del petróleo generan humo con partículas capaces de penetrar profundamente en el sistema respiratorio.
La principal vía de exposición es la inhalación. Estas emisiones pueden provocar irritación respiratoria, inflamación pulmonar y agravar enfermedades como el asma. Los grupos más vulnerables son niños, personas mayores, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas.
Por ello, estas emergencias no deben evaluarse solo por el control de las llamas. También es fundamental monitorear la calidad del aire, identificar los contaminantes presentes y comunicar oportunamente los riesgos a la comunidad.
Para la ciudadanía, las medidas más efectivas son evitar acercarse a las zonas afectadas, reducir la exposición al humo, permanecer en interiores cuando las autoridades lo indiquen, mantener puertas y ventanas cerradas y seguir información proveniente de fuentes oficiales.
Ph.D Roberto Rojas Académico Instituto de Ciencias Naturales Universidad de Las américas Sede Viña del Mar




















