Desde el nombre de una profunda raíz árabe, empezamos con problemas para el reconocimiento de la empanada como un producto chileno. Destaquemos que el apodo llegó con los españoles, quienes tuvieron una influencia árabe de proporciones en las matemáticas, el arte y la arquitectura… lo cual les vino bastante bien; porque luego, mucho de esa influencia en la palabra y en los usos arribó también a nuestro país. Hay que recordar que ese sabor que no falta en la cocina nacional es el comino y este arribó a España de Arabia y luego paso a Chile, convirtiéndose en un producto esencial para nuestra gastronomía.
Pero los españoles solo trajeron el nombre, y entonces viene lo que siempre dicen los chilenos: aquí no existe cocina. Mire en España está la empanada gallega, en Argentina, en Bolivia en Venezuela, para donde miremos existen las empanadas.
También toma sustento ese fatídico dicho que habla de la mediocridad de las cosas nuestras, el que por supuesto viene de la ignorancia, porque todo cobra identidad cuando un elemento cultural lo sostiene y en el caso de la empanada chilena de pino, reto a alguien a que sea capaz de encontrarla en otro lugar del mundo. No olvidemos que el concepto “pino” es una derivación de un vocablo del mapudungun que habla de una mezcla de cebolla de carne picada y de elementos saborizantes, orégano y merquén.
¡Estas Fiestas Patrias celebre con una buena empanada de pino, y no olvide que es chilena!
Joel Solorza Director Escuela de Gastronomía Universidad de Las Américas




















