La seguridad en la región de Valparaíso suele centrarse en medidas inmediatas. Sin embargo, la realidad exige algo distinto: una estrategia integral, basada en evidencia y capaz de adaptarse. Un buen plan de seguridad no es una lista de acciones, sino un instrumento vivo, que se ajusta a los cambios del delito y nuevos enfoques cuando sea necesario.
Hay consenso en lo esencial: reforzar la presencia policial en la vía pública, focalizar patrullajes en sectores críticos, mejorar la coordinación con los municipios y enfrentar con decisión las incivilidades que degradan la vida urbana. También abordar a personas en situación calle (rucos) con un enfoque que combine seguridad, salud y política social.
Un elemento relevante y pendiente: integrar los datos. Policías, municipios y otros servicios operan con información fragmentada. Sin una mirada común, las decisiones pierden eficacia. Contar con análisis regional permitiría focalizar mejor los recursos, anticipar tendencias y evaluar resultados.
El resguardo del comercio es fundamental, para mejorar cifras económicas que impulsen sectores y locales que se cierran día a día o que se condicionan a horarios por la delincuencia o que atienden enrejados.
En este marco, hay un ámbito que debe transformarse en prioridad: la seguridad escolar y universitaria.
Valparaíso es, ante todo, una ciudad universitaria. Miles de estudiantes se desplazan diariamente, enfrentando riesgos desde que suben a un bus, esperan en un paradero o caminan hacia sus establecimientos. A ello se suman delitos en entornos educativos y contra infraestructura que debiese estar protegida.
Por esto, avanzar en un plan “Valpo Estudia Seguro” no es accesorio. Implica patrullajes en horarios críticos, corredores seguros, mejor iluminación, coordinación con casas de estudio y protección efectiva de los trayectos. Se trata de una definición básica: estudiar no puede ser una actividad de riesgo.
Finalmente, ninguna estrategia será suficiente sin recuperar la confianza. La presencia en los barrios, la recuperación de espacios públicos y la transparencia son claves para reducir el temor.
Valparaíso necesita un plan que coordine, priorice y actúe con inteligencia, pero también que entienda que proteger a sus estudiantes es proteger su futuro. Porque una ciudad segura no es solo la que reduce delitos, sino la que permite vivir y desplazarse sin miedo.
Y porque cuando una ciudad obliga a sus jóvenes a estudiar con miedo, no solo falla en seguridad: falla en su propio futuro.
Hector Sandoval Zamora
ingeniero, magíster en seguridad y prevención
Doctorando en gerencia pública y desarrollo.


















