El Día del Padre suele estar asociado a regalos y celebraciones. Pero también puede ser una oportunidad para hablar de algo que muchos hombres siguen postergando: su salud.
Es un hecho que todavía existe resistencia masculina frente a los controles médicos. Muchos minimizan síntomas, dejan pasar chequeos o evitan consultar por falta de tiempo, temor o simple costumbre. Incluso persiste la idea de que pedir ayuda o preocuparse por la salud es una señal de debilidad, cuando en realidad ocurre todo lo contrario.
Prevenir no es exagerar. Es actuar a tiempo y entender que cuidarse permite vivir con mayor bienestar y calidad de vida. Y la prevención no se limita a exámenes médicos. También está en hábitos cotidianos como mantener una alimentación equilibrada, dormir bien, hacer actividad física, evitar sustancias tóxicas como el alcohol y el tabaco, y aprender a manejar el estrés.
En esa misma línea, la salud mental no puede seguir quedando fuera de la conversación. Durante años, muchos hombres crecieron con la idea de callar lo que sienten, soportar el cansancio emocional o convivir con la ansiedad sin pedir apoyo. Sin embargo, el cuerpo muchas veces termina reflejando aquello que no se habla.
Las familias también cumplen un rol clave. A veces, una conversación a tiempo, insistir en un control pendiente o comenzar juntos hábitos más saludables puede marcar una diferencia enorme. Y quizás ahí esté el verdadero sentido de esta fecha: recordarles a los padres, hermanos, hijos y parejas que cuidarse también es una forma de estar presentes.
Porque más allá de los regalos, el mejor gesto este Día del Padre puede ser impulsar conversaciones pendientes, derribar tabúes y entender que prevenir no es una señal de fragilidad, sino una manera de seguir compartiendo tiempo con quienes más quieren.
Dr Gonzalo Vizueta
Gastroenterólogo




















