Picoteo durante horas, llegar con demasiada hambre y confundir cansancio con hambre son situaciones que pueden afectar la alimentación de los niños durante los festejos patrios. A esto se suma la práctica de algunos padres de intentar compensar lo consumido restringiendo comidas o imponiendo actividad física.
Durante Fiestas Patrias, los adultos pueden llegar a aumentar entre 2 y 4 kilos producto del cambio en los hábitos de alimentación y la mayor ingesta de alimentos durante las celebraciones. Pero este fenómeno también puede afectar a los niños y pasar inadvertido en medio de una celebración marcada por la abundancia de comida y los cambios de rutina que se prolongan durante buena parte de los días de festejo.
Según explicó Isidora Selman, nutricionista de Clínica MEDS, “uno de los errores más frecuentes es pasar de un extremo a otro: o dejamos que los niños coman sin ningún límite durante varios días, o intentamos controlar demasiado y terminamos transformando la comida en un tema de prohibiciones”.
La especialista agregó que “Fiestas Patrias son días distintos, y está bien que los niños coman alimentos que no consumen habitualmente. El problema no es que coman una empanada o un choripán, sino que durante todo el día vaya sumando picoteos, bebidas azucaradas, dulces y postres sin tener realmente hambre. Muchas veces el problema no está en la comida principal, sino en todo lo que se va sumando entre medio”.
En este sentido, recomendó mantener cierta estructura durante las celebraciones: “es fundamental que los niños tengan sus horarios habituales de desayuno, almuerzo, once y comida, y que entre medio puedan disfrutar de algún picoteo, pero que no estén permanentemente comiendo”.
Frente a la amplia oferta de alimentos durante estas celebraciones, indicó que “una empanada, un anticucho o incluso un choripán pueden perfectamente formar parte de las celebraciones. La clave está en la cantidad, la frecuencia y, sobre todo, en que no terminemos ofreciendo todos esos alimentos juntos a los niños y durante todo el día”.
Eso sí, plante que “lo que sí debemos moderar son aquellos que tienden a concentrarse más fácilmente durante estas fechas: bebidas y jugos azucarados, dulces como manzanas caramelizadas, paletas, golosinas, exceso de pan, sopaipillas y preparaciones muy grasas”.
Al mismo tiempo, llamó a mantener presentes alimentos que forman parte de la alimentación habitual de los niños. “Intentaría mantener dentro de la dieta frutas, verduras, agua, lácteos, huevos, legumbres, carnes, pollo, pescado y preparaciones caseras”, precisó.
La nutricionista de Clínica MEDS también advirtió que “es muy común que los niños lleguen a estas celebraciones con demasiada hambre porque se saltaron alguna comida pensando que después comerían más rico. Eso tampoco es recomendable, porque favorece que coman muy rápido y en exceso”.
Respecto de las señales que pueden indicar que un menor está teniendo un exceso de comida durante estos días, la especialista mencionó sensación de llenura, dolor o distensión abdominal, náuseas, reflujo, más sed de lo habitual y cambios en la deposición.
También afirmó que en estas fechas muchas veces se alteran sus horarios de sueño, se saltan sus siestas o se acuestan mucho más tarde. “El cansancio y el hambre pueden sentirse de manera muy parecida, por lo que un niño puede estar pidiendo comida cuando en realidad lo que necesita es dormir. En niños pequeños, muchas veces la señal es más conductual: están más irritables, incómodos, somnolientos o con menos ganas de jugar después de comer”, afirmó.
Una vez terminadas las celebraciones, Selman explicó que “hay que volver a la rutina, pero sin castigos ni compensaciones. Por ningún motivo recomiendo en un niño saltarse comidas, restringir drásticamente los alimentos, hacer que ‘coman liviano’ todo el día siguiente ni mucho menos ponerlos a hacer ejercicio para compensar lo que comieron”.
“Un niño no necesita ‘pagar’ por haber comido una empanada, un choripán o un dulce. Lo que buscamos es enseñarles que existen días de celebración y que después simplemente volvemos a nuestra rutina”, añadió.
Finalmente, hizo un llamado a no convertir estas fechas en una disputa permanente en torno a los alimentos. “Es mucho más positivo enseñarles a escuchar su hambre y saciedad, ofrecer variedad y poner límites razonables. Recordemos que lo que hace la diferencia en la alimentación de un niño no son tres o cuatro días de celebración, sino lo que hacemos la mayor parte del año”, explicó.



















