Durante los días 19 y 20 de marzo del presente año, se llevó a efecto en dependencias de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), el Seminario Internacional “El Acuerdo sobre la Conservación de la Biodiversidad Marina de las Zonas situadas fuera de la Jurisdicción Nacional y su futura implementación en el Pacífico Sudoriental: oportunidades, límites y desafíos;” el que contó con la participación de expositores nacionales e internacionales de primer nivel; el que fue organizado y presentado en forma exitosa por la Facultad de Derecho de esta Universidad, con la especial participación del Profesor Osvaldo Urrutia (recientemente nominado Subsecretario de Pesca y Acuicultura por el actual gobierno), como expositor y organizador.
Entre los expositores internacionales se contó con los profesores/a Alexander Proelss (Universidad de Hamburgo, Alemania), Erik Molenaar (Universidad de Utrecht, Países Bajos), Joanna Mossop (Universidad de Victoria Wellington, Nueva Zelanda) y Leonardo de Camargo Subtil (Universidad de Caxias do Sul, Brasil).
Entre los expositores nacionales se contó con la participación de los profesores Osvaldo Urrutia (PUCV, Chile) y Carlos Gaymer (Universidad Católica del Norte, Chile).
El denominado Tratado de Altamar o BBNJ (Biodiversity Beyond National Jurisdiction), es un acuerdo internacional de la ONU, que acaba de entrar en vigor en el mes de enero de 2026, creando un marco jurídico para la conservación y uso sostenible de la biodiversidad en aguas marinas internacionales, las que cubren aproximadamente dos tercios del océano; mediante la propuesta y creación de áreas marinas protegidas y evaluaciones ambientales.
Algunos de los puntos clave del tratado son: La protección de la biodiversidad en alta mar, zonas que carecían de una regulación integral para la conservación; el establecimiento de zonas protegidas para la conservación de ecosistemas marinos, mediante Áreas Marinas Protegidas (AMP); regula la investigación y el reparto justo y equitativo de los beneficios de los recursos genéticos de alta mar; exige evaluar el impacto ambiental de las actividades humanas en alta mar; promueve la transferencia de tecnología marina y el desarrollo de capacidades para países en desarrollo; permite reforzar la gobernanza oceánica mundial, buscando detener la pérdida de biodiversidad marina, provocada por el cambio climático y la contaminación.
Las posibilidades de éxito de este tratado se sustentan en la alta cooperación histórica, ya que fue adoptado por consenso tras 20 años de negociaciones, lo que indica un fuerte compromiso político-global y también su base científica que respalda esta necesidad de proteger ecosistemas críticos necesarios para enfrentar el cambio climático y la salud planetaria.
Desde el año 1982 a la fecha ha existido un solo marco jurídico regulatorio de las aguas marinas (Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar o como también se le llama CONVEMAR), el que lamentablemente sólo considera aquellas aguas que se encuentran al interior de los límites jurisdiccionales marítimos pertenecientes a cada nación o Estado, no tomando en cuenta por más de 40 años el inmenso complemento oceánico denominado Alta Mar, áreas o espacios marítimos que han permanecido sin regulación alguna, lo que sin duda está trayendo perjuicios y un costo muy alto de pagar para toda la humanidad, pues la alta mar es un espacio que encontramos en todo el planeta, más allá de las 200 millas marinas de todo Estado ribereño.
No obstante, a partir del mes de enero de 2026, llega la buena noticia de la entrada en vigor de un nuevo marco jurídico, el que se conoce como Tratado de Alta Mar (BBNJ), que será el encargado de regular todas aquellas actividades humanas realizadas en estas áreas que están más allá de las jurisdicciones nacionales, con fines de protección y conservación de la biodiversidad marina, mediante la figura de generación o creación de áreas o espacios marinos para ello, como por ejemplo las áreas Marinas Protegidas (AMP); sobre las cuales la CONVEMAR nada podía hacer.
Si bien este acuerdo o tratado apunta a proponer soluciones para superar el déficit regulatorio de la CONVEMAR, existen países que se resisten a formar parte de este acuerdo, considerando para ello sus propios intereses, sin tener en cuenta que este es un asunto de gran relevancia y de influencia global.
Todas las cuestiones o decisiones relacionadas con la BBNJ, dependen de la Conferencia de Las Partes (COP), la que decidirá situaciones relacionadas, por ejemplo, con la aceptación de una propuesta de AMP, con fines de conservación de la biodiversidad o con temas de financiamiento.
En este contexto es menester reconocer que, si bien la COP puede decidir sobre los asuntos de la BBNJ, estas decisiones sólo se aplican a sus Estados miembros, y no se aplica a los Estados que no lo son, como tampoco a todos aquellos organismos que regulan la pesca, los que tienen su propia regulación. Por tanto, la COP-BBNJ, para el logro de sus objetivos, deberá entrar a conversar con estos con el fin de encontrar puntos de mutua coincidencia que les permitan llegar a acuerdos.
Como ya se puede vislumbrar la COP-BBNJ presenta un flanco bastante débil, pues como ya se dijo, sus decisiones no son aplicables a los Estados no miembros de este tratado, ni tampoco puede pasar por sobre otros marcos regulatorios, ya existentes, u organizaciones como las OROP, las que toman sus decisiones en forma independiente de las tomadas por la COP-BBNJ.
Por tanto, la única manera de avanzar en este campo, es promover y buscar en forma inteligente, en base a propuestas con base científica y de forma diplomática, que permita lograr una apertura por parte de estas organizaciones, las que fruto de este esfuerzo dialogante, pudieran adoptar medidas que sean coincidentes con las tomadas por la COP-BBNJ.
En suma, muchas de las conversaciones en busca de acuerdos se tendrán que realizar con algunas OROP (organismos pesqueros), lo que constituye sin duda, una de las actividades más duras con las que se deberá enfrentar la COP-BBNJ.
Uno de los objetivos principales de Chile en el contexto de la BBNJ, es la creación de espacios marítimos con fines de protección a la biodiversidad, siendo nuestro país pionero en la creación y establecimiento de estas áreas de conservación.
Una muestra de esto lo tenemos en el impulso que está dando Chile en la promoción de AMP internacionales para su conservación, siendo una de ellas la relacionada con las dorsales de Nazca y Salas y Gómez, cordilleras marinas con más de 4000 kilómetros de extensión frente a Chile, formadas por más de 110 montes submarinos con alta biodiversidad y endemismo, las que enfrentan amenazas como la sobrepesca y el cambio climático con un 73% en alta mar.
Actualmente se trabaja en forma conjunta con Perú y la comunidad internacional para la protección de la zona de la cordillera, convirtiéndose las dorsales en una oportunidad única para la conservación marina en el Pacífico Sur, con Chile posicionado como un actor clave para su protección a largo plazo
Respecto de esto y de los incontables antecedentes relacionados con lo marítimo convierten a Chile en un país con las condiciones de manejo a nivel internacional, como para poder adjudicarse la Secretaría Técnico- administrativa del BBNJ con sede en la ciudad de Valparaíso, a la que se está postulando.
Finalmente. y como una manera de acentuar la importancia de este Tratado para el futuro de la humanidad se muestra a continuación lo afirmado por Rebecca Hubbard, científica y directora de la Alianza por Alta Mar
«Las aguas internacionales están llenas de vida, desde el diminuto plancton hasta las grandes ballenas que dependen de él. Apenas estamos empezando a comprender lo importante que es este vasto mundo interconectado para la salud de todo nuestro planeta. Ya sean las montañas submarinas, llanuras y fosas oceánicas, las gélidas aguas polares o las autopistas oceánicas por las que viajan las especies migratorias, la alta mar es tan vital como inmensa. Con la entrada en vigor del Tratado de Alta Mar, por fin disponemos de las herramientas necesarias para salvaguardar esta extraordinaria parte de nuestro planeta. Protegerla significa proteger nuestro futuro»
Silvio Becerra
Profesor de Filosofía




















