El presidente boliviano, Rodrigo Paz, decretó el sábado el estado de excepción y ordenó movilizar a policías y militares tras más de seis semanas de protestas y bloqueos de indígenas aimaras y campesinos afines al exmandatario Evo Morales que piden su renuncia.
El dirigente centroderechista había logrado un acuerdo el viernes con la central sindical COB para pacificar el país, pero indígenas de la Federación Túpac Katari y cocaleros del expresidente Evo Morales (2006-2019) decidieron mantener los bloqueos de carreteras.
Obreros, campesinos e indígenas comenzaron a principios de mayo una huelga y cortes de rutas para exigir al gobierno solución a la crisis económica, la más grave del país en cuatro décadas, y para rechazar la venta de gasolina de mala calidad que generó malestar general.
Tras la falta de acuerdos, todos esos sectores proclamaron el tema de la renuncia presidencial y la interrupción de caminos se extendió a todo el país. También varios días se registraron choques con la policía en La Paz que, junto a su vecina El Alto, sufre una fuerte carestía de alimentos, medicinas y combustibles.
«Hemos tomado la decisión de declarar el estado de excepción en todo el territorio nacional», afirmó el jefe de Estado, durante un mensaje difundido por el canal estatal desde Palacio de Gobierno.
Además, aseguró que toma la medida ante «un intento de golpe de Estado desde el narcoterrorismo».
El gobierno de centroderecha de Paz, que asumió en noviembre tras 20 años de poder de izquierdas, acusa al exgobernante Morales de empujar las manifestaciones y de usar dinero proveniente del tráfico de drogas, aunque no han dado pruebas.




















