Chile enfrenta una de las mayores crisis habitacionales de la última década. Según el Catastro Nacional de Campamentos del 2024-2025 de Techo Chile (TECHO), 120.584 familias viven en 1.428 campamentos, cifra que – lamentablemente – ha crecido de forma sostenida desde 2011.
La Región de Valparaíso no es una excepción. Los incendios, temporales y remociones de tierra demuestran que el problema no es sólo por la falta de viviendas, sino que también por la ausencia de una política moderna de gestión del suelo.
Desde la sociología urbana, autores como Francisco Sabatini han planteado que la segregación residencial reproduce la desigualdad porque condiciona el acceso a la educación, la salud, el transporte y el empleo. Cuando una familia queda fuera del mercado formal del suelo, aparecen las ocupaciones irregulares.
Sin embargo, la modalidad no es una solución. Los asentamientos solo consolidan la informalidad, aumentan la exposición a riesgos, dificultan la provisión de servicios básicos y profundizan la exclusión social y ahí el impacto es especialmente grave en la infancia.
El reciente Informe de Primera Infancia de Fundación Colunga revela que uno de cada cuatro niños y niñas de 0 a 5 años vive bajo la línea de la pobreza, mientras que uno de cada cuatro enfrenta algún tipo de déficit habitacional, ya sea por hacinamiento, precariedad o falta de servicios básicos.
La evidencia demuestra que estas condiciones afectan el desarrollo cerebral, cognitivo, emocional y social, perpetuando la desigualdad desde los primeros años de vida. Entonces, la respuesta no puede ser normalizar las ocupaciones ilegales, al contrario; se debe regularizar.
Chile necesita una política habitacional que fortalezca los subsidios, amplíe el acceso al financiamiento hipotecario, agilice y reduzca los tiempos de los permisos de construcción, impulse la inversión pública y privada, amplíe la oferta habitacional, gestione el suelo mediante bancos de terrenos y estudie mecanismos como la devolución del IVA de la vivienda a las familias para facilitar el acceso una propiedad.
Resolver el déficit habitacional no consiste sólo en construir casas. Es invertir en desarrollo humano, proteger la primera infancia y recuperar la confianza de las familias en el Estado. Una ciudad que ofrece oportunidades, es también una ciudad que rompe el ciclo de la pobreza y fortalece la cohesión social del país.
Nicolás Farfán Vega
Sociólogo, MBA y especialista en
Dirección de Proyectos




















