Según la Subsecretaría de Educación, la matrícula de estudiantes con discapacidad aumentó un 8% en necesidades educativas permanentes y solo un 2% en las transitorias, según la Radiografía a la matrícula escolar 2025 de SENADIS. Estas cifras debieran alertarnos sobre la inclusión escolar, pues aún parecen estar por debajo de la demanda real de niños y niñas con necesidades educativas en Chile.
Para las familias, matricular a sus hijos implica reconocer un desafío importante y considerar qué modelo educativo responde mejor a sus necesidades. Más que optar entre educación regular o especial, resulta fundamental evaluar las necesidades del menor y las capacidades del establecimiento para responder a ellas. Contar con programas de inclusión escolar (PIE) o equipos conformados por educadores diferenciales, fonoaudiólogos, terapeutas ocupacionales, psicopedagogos y psicólogos favorece el trabajo colaborativo con los docentes.
También es necesario considerar la extensión de la jornada, la flexibilidad y la distancia entre el hogar y el establecimiento. En niños con trastornos del neurodesarrollo, particularmente autistas, la tolerancia a la carga escolar puede variar, haciendo necesarios ajustes de tiempos y apoyos familiares.
La experiencia del establecimiento en inclusión constituye otro factor relevante. Aunque la legislación promueva la inclusión, enfrentar situaciones complejas requiere experiencia y un manejo integral. Asimismo, no basta con disponer de salas de calma o sensoriales, sino que se necesitan apoyos durante los recreos, espacios con menor cantidad de estímulos y alternativas para que los estudiantes puedan continuar sus actividades cuando lo requieran.
Finalmente, la flexibilidad curricular resulta fundamental. Es necesario preguntar si el establecimiento está dispuesto a adaptar objetivos y estrategias educativas que permitan anticipar necesidades y evidenciando una cultura pedagógica inclusiva.
Por, sobre todo, se debe promover una comunicación permanente, flexibilidad y respeto entre familias, estudiantes y establecimientos, poniendo en el centro el bienestar y desarrollo educativo de niños y niñas con necesidades del neurodesarrollo.
Claudia Figueroa
Magíster en Desarrollo Cognitivo, Escuela de Fonoaudiología Universidad Andrés Bello




















