En el marco del Día Mundial del Reciclaje, que conmemoramos este 17 de mayo, resulta inevitable mirar cómo ha evolucionado la gestión de residuos en Chile durante los últimos años y cómo el reciclaje pasó de ser una práctica marginal, a transformarse en una necesidad estratégica para empresas, instituciones y para todos los chilenos.
Hace poco más de una década, hablar de economía circular o trazabilidad de residuos era todavía una conversación incipiente. La infraestructura para reciclaje era limitada y gran parte de las iniciativas dependían de esfuerzos aislados.
Hoy, el escenario ya es muy distinto. La entrada en vigencia de normativas como la Ley REP, junto con una comunidad más consciente y mayores exigencias de consumidores y reguladores, ha obligado a empresas e instituciones a replantear la forma en que gestionan sus residuos y materiales.
Y es que el reciclaje dejó de ser un tema marginal. Actualmente, gestionar residuos se ha transformado en una decisión estratégica que impacta el cumplimiento normativo, la eficiencia operativa y el posicionamiento sostenible de las organizaciones.
En estos años, Chile ha avanzado de manera importante. Se ha fortalecido la infraestructura, han surgido nuevos actores vinculados a valorización y economía circular, y también ha crecido la participación ciudadana. Pero, todavía persisten desafíos relevantes en cobertura territorial, educación ambiental y trazabilidad de materiales.
Parte importante de esta evolución ha estado marcada por la colaboración entre distintos sectores. En nuestro caso, junto a Sodimac impulsamos desde 2010 una red nacional de puntos limpios que actualmente tiene presencia desde Arica hasta Castro, permitiendo recuperar más de 33 millones de kilos de materiales reciclables y evitar la emisión de más de 197 mil toneladas de CO2.
Pero nuestro impacto va más allá de esa red. Desde sus inicios, TriCiclos ha logrado recuperar más de 50 millones de kilos de materiales, reflejando cómo la economía circular puede generar resultados concretos cuando existe colaboración entre empresas, ciudadanía y distintos actores del ecosistema.
Pero probablemente el cambio más importante no ha sido operacional, sino cultural. Durante años, los puntos limpios también han funcionado como espacios de educación ambiental y participación ciudadana, ayudando a instalar hábitos de reciclaje y una mayor conciencia sobre el impacto de los residuos.
El desafío que viene ahora no es solamente reciclar más. También implica avanzar hacia modelos donde reutilización, ecodiseño, trazabilidad y reducción de residuos formen parte estructural de la manera en que producimos y consumimos.
Chile ha dado pasos significativos, pero todavía queda mucho camino por recorrer.
Daniel Paredes
gerente general de TriCiclos




















