El término del periodo estival marca el retorno a clases y al trabajo para miles de personas. Este ajuste, que modifica horarios y tiempos de permanencia en el hogar, también tiene efectos en las mascotas, en especial en perros y gatos. La reducción de interacción diaria y los cambios en actividades habituales pueden alterar su comportamiento y generar respuestas asociadas a estrés.
Nicolás Escobar, Director de Carrera de Medicina Veterinaria de UDLA Sede Viña del Mar, advierte que los animales establecen rutinas estables y vínculos estrechos con sus tutores. “Las mascotas no solo se acostumbran a horarios, sino también a la presencia constante de quienes las cuidan. Cuando esa dinámica cambia de forma brusca, pueden manifestar señales de ansiedad o frustración”, indica.
Durante las vacaciones, muchos hogares amplían los tiempos de paseo, juego y compañía. Con la llegada de marzo, esa disponibilidad disminuye y los periodos de soledad se prolongan. En perros, este escenario puede derivar en ansiedad por separación, expresada a través de ladridos persistentes, destrucción de objetos o alteraciones en la alimentación. En gatos, los cambios suelen evidenciarse en variaciones del apetito, marcaje, eliminación fuera del arenero o modificaciones en el aseo.
El académico explica que parte del impacto se relaciona con la reducción de estímulos físicos y cognitivos. “El ejercicio regular y la estimulación mental son componentes esenciales del bienestar animal. Cuando se interrumpen o disminuyen, aumenta la probabilidad de conductas no deseadas”, señala.
Frente a este contexto, menciona que la anticipación cumple un rol central. Ajustar gradualmente los horarios antes del retorno formal a la rutina facilita la adaptación. Mantener horas definidas de alimentación y paseo entrega previsibilidad, un elemento relevante para la estabilidad conductual.
El académico también recomienda enriquecer el ambiente del hogar mediante juguetes interactivos, rascadores y elementos que incentiven la exploración en momentos de soledad. En el caso de los perros, priorizar paseos de calidad, aunque sean más breves, permite compensar la reducción de tiempo. “No se trata solo de duración, sino de generar espacios donde el animal pueda olfatear, explorar y liberar energía”, explica el médico veterinario.
En situaciones donde los signos de ansiedad son persistentes, puede evaluarse el uso de feromonas sintéticas o suplementos específicos, siempre bajo supervisión profesional. La consulta oportuna con un médico veterinario permite descartar otras causas y definir intervenciones acordes a cada caso.
“El regreso a las actividades habituales implica reorganizar la vida familiar. Incorporar a las mascotas en esa planificación contribuye a resguardar su equilibrio físico y conductual en un periodo de cambios”, comenta el especialista.




















