Varias revelaciones se dieron cuenta este viernes en la audiencia de revisión de medidas cautelares para los imputados por la desaparición y crimen de Julia Chuñil en Mafil. La Fiscalía Regional de Los Ríos informó el hallazgo de osamentas humanas al interior del predio donde vivía la víctima, lo que está haciendo periciado por equipos forenses.
Los restos se encontraron aproximadamente a 50 metros de la casa habitación de Chuñil el 16 de enero pasado, segundo día de rastreo que realizó Carabineros junto al Ministerio Público en los terrenos de la mujer.
Fueron 70 piezas que estaban al interior de una bolsa de color blanco y la Fiscalía hace hincapié en la forma en que estaban dispuestas: «No estaban a la vista, no estaban expuestas, sino que estaban enterradas y ocultas», dijo la persecutora Daniela Ávila.
«Y esto evidencia, sí o sí, un ocultamiento por parte de terceras personas, es decir, alguien interviene en el terreno y dispone estos restos de manera que no sean visibles. Y esto es ocultamiento», subraya la penalista del Ministerio Público.
Las osamentas fueron enviadas a la Universidad Austral para un peritaje de secuenciación masiva, que consta de seleccionar tres piezas de forma aleatoria para su análisis.
«En primer lugar, se extrae el ADN. Esto significa que se toman restos biológicos, ya sea sangre, tejido o hueso, y se procesan en un laboratorio para aislar el material genético, de manera que este quede apto para ser analizado», detalla Ávila en la audiencia.
«Una vez que se tiene este ADN se pasa a una segunda etapa clave, que es identificar a qué especie animal pertenece este ADN. Para esto, se utiliza una técnica que consiste en leer partes específicas del ADN, como si esto fuese un código, pero se leen de forma simultánea y todos a la vez», continuó.



















