Entropía y homeostasis son dos términos que son altamente conocidos en el ámbito de la física como en el de la biología, los que en forma individual representan fuerzas que a primera vista parecieran ser contrarias; teniendo en cuenta su papel o funcionamiento ya sea en la materia inerte como en los seres vivos, donde la primera representa una especie de desorden sistémico, mientras que la otra tiende a recomponer y mantener el orden y el equilibrio, en la medida que sea posible, del sistema y proceso del que forma parte.
El organismo vivo para mantenerse como tal, en un equilibrio constante para su funcionamiento, dispone de lo que llamamos homeostasis, la que, según Walter Cannon, investigador de avanzada, expresó de esta que, “es la facultad de un organismo vivo de mantener relativamente constante un cierto estado de equilibrio.” Esto es así, pues, cuando el organismo vivo se ve afectado en alguna de sus partes o procesos, este, mediante mecanismos homeostáticos tiende a restablecer el equilibrio necesario para mantener su organicidad y su vitalidad.
Por otra parte, un posible acercamiento a la definición de la entropía, sería entenderla como un proceso que se desarrolla en los seres vivos o inertes, a partir del desorden o los malos funcionamientos incipientes o declarados de sus sistemas.
La entropía como podemos ver, es un residente permanente en nuestras vidas, desde el momento en que nacemos y hasta el momento en que dejamos de existir, no siendo un objeto tangible que sea posible de analizar y estudiar al igual que los objetos de la física, más bien lo que nos llega o percibimos sensiblemente de esta son sus efectos, los que sí son tangibles.
De lo anterior, nos es posible entender que homeostasis y entropía son términos y fenómenos contrapuestos, que desde el momento mismo en que los organismos nacen a la vida, ya se encuentran instalados al interior de estos, interviniendo en su funcionamiento y organización. De acuerdo con la forma o manera de actuar de estos en el organismo humano, por ejemplo, tenemos al primero manifestándose mediante un accionar permanente, tendiente a mantener y/o restablecer el equilibrio en situaciones de perdida de funcionalidad y organización; respecto del segundo, se nos aparece en una constante y creciente actuación destructiva y desequilibrante.
La permanente lucha de estos opuestos por imponer supremacía, permiten en su conjunto la vida tal como la conocemos, fuerte, orgullosa y prepotente en algunos momentos, como también débil, humilde y resignada en otras circunstancias.
Como una manera de reforzar lo dicho, acudo a N. Wiener que en su “Cibernética y Sociedad,” pag. 21, señala “Así como la entropía es una medida de desorganización, la información que suministra un conjunto de mensajes, es una medida de organización”.
La segunda ley de la termodinámica y entropía (ley de Carnot – Clausius) nos indica que un sistema de materia aislado no puede pasar nunca dos veces e idénticamente por el mismo estado. Todos sus estados sucesivos traen aparejada una disminución concreta de energía disponible, de ahí su característica irreversibilidad que permite el paso desde la homeostasis a la entropía; esto es, del orden al desorden.
De acuerdo con esta segunda ley de la termodinámica, en los procesos naturales existe una tendencia hacia un estado de desorganización o caos, que se produce sin intervención o control, lo que, de acuerdo con los principios de la cibernética, el orden (disminución de la entropía), es lo menos probable y el caos (aumento de la entropía), lo más probable.
Abundando en lo mismo, tenemos lo dicho por Norbert Wiener en su libro Cibernética y Sociedad, capítulo 2, página 27, “Como ya lo hemos visto, la tendencia estadística de la naturaleza hacia el desorden, hacia el aumento de la entropía, se expresa mediante la segunda ley de la termodinámica.”
De la misma forma que en la física y en la biología, ambos conceptos se pueden aplicar perfectamente al ámbito de los procesos sociales, teniendo en cuenta que la sociedad es un sistema multifuncional y relacional que tiene como característica, a una componente estructural alejada de lo fijo y permanente, por lo tanto, sometida a un cambio constante. Estas dos fuerzas forman parte de un mismo todo, que como ya se dijo; una tiende al desorden y la otra al orden, en un proceso de características sistémicas, que, hablando metafóricamente, va y viene, al igual que las mareas en un proceso de decrecimiento y crecimiento en la amplitud de estas mareas y viceversa.
Por lo tanto, los conceptos de entropía y homeostasis como ya se dijo, son aplicables a los procesos sociales, ofreciendo un marco teórico poderoso para entender cómo las comunidades, organizaciones y sociedades evolucionan, se desorganizan o mantienen su estabilidad. Estos conceptos actúan como símiles para explicar la dinámica de los sistemas humanos.
En este contexto se puede afirmar la existencia, en el ámbito de la sociedad, de la homeostasis social -búsqueda del equilibrio- y la entropía social – tendencia al desorden-
La homeostasis social
Si en la física la homeostasis es la capacidad de los seres vivos de mantener condiciones internas estables (ej. temperatura), en el ámbito social, la homeostasis se refiere a los mecanismos que utilizan los grupos para mantener la estabilidad, la cohesión y la funcionalidad frente a perturbaciones externas o internas, como también la capacidad de una sociedad de autorregularse, mediante normas, leyes y cultura, como una manera de evitar el caos extremo.
Algunos mecanismos homeostáticos en sociedad, incluyen, la justicia, el diálogo, las normas de conducta, la cultura organizacional y las políticas públicas, que buscan reajustar el equilibrio cuando el sistema se desestabiliza. Un ejemplo de esto lo encontramos en una empresa, que cuando su productividad baja -desequilibrio del sistema- la administración implementa nuevas estrategias -homeostasis- para retomar un nivel de funcionamiento óptimo. Por lo tanto, la homeostasis social no es solamente la fuerza que busca contrarrestar el caos del sistema, sino que a la vez es el mecanismo que permite la adaptación de este sistema frente a los nutridos cambios sociales.
Entropía social
En física, la entropía es la tendencia natural hacia el desorden. En sociología, la entropía social se define como el grado de desorganización, caos o desintegración dentro de un sistema social.
Si una sociedad, empresa o familia no invierte energía en mantener sus normas, valores o estructuras, tiende a la desintegración o al caos, siendo un ejemplo de ello, la corrupción (desorden funcional), la falta de normas claras, la pérdida de cohesión social, o el colapso de infraestructuras por falta de mantenimiento.
Ante el colapso y el caos, el sistema para recuperar su equilibrio, hace uso de la llamada entropía negativa -negentropía- que es la energía que el sistema importa para sobrevivir, crecer y contrarrestar el desorden, como la educación, el liderazgo efectivo o la innovación.
Finalmente, podemos afirmar que la analogía entre la entropía y la homeostasis ofrece un marco potente para entender los procesos sociales, donde las sociedades se comportan como sistemas abiertos que luchan por mantener el orden en medio de una tendencia natural al caos, enfoque que permite a los sociólogos y planificadores urbanos evaluar la gobernabilidad y la «salud» de un sistema social midiendo su capacidad para mantenerse organizado frente al desorden.
Silvio Becerra Fuica
Profesor de Filosofía




















