Si bien la Inteligencia Artificial (IA) que conocemos hoy en día, es para las generaciones actuales (nativos digitales), una realidad con visos de normalidad que al parecer no les sorprende mayormente, dado que el avance exponencial de la tecnología, de la internet y de las redes sociales fundamentalmente, en cuanto herramientas tecnológicas, crearon y conformaron una plataforma de información y de conocimientos masivos, que comenzó a transformarlo todo, incluso nuestras mentes y nuestra tradicional forma de pensar y de vivir, como una forma asistemática (sin que nos percatásemos de ello), de ir preparando al ser humano y a la humanidad toda; para desenvolverse en una sociedad muy alejada de los parámetros sociales imperantes hasta unas cinco o seis décadas atrás.
Como ya se dijo, con todo el preámbulo tecnológico de que hablamos, nos encontramos cara a cara con un ser humano del siglo XXI, que es capaz de manejar herramientas tecnológicas (Internet, redes sociales y otras), que le facilitan su diario vivir, entregándole confort y facilidad para solucionar sus problemas cotidianos: sin que tenga que esforzarse grandemente para ello.
Esta situación no deja de ser preocupante, pues esta maravilla tecnológica, imperante para todos, está dejando sin posibilidad de desarrollo y de la debida atención a nuestro cerebro y mente humana, que por naturaleza es el órgano en el que reside la capacidad de pensar, la que potencialmente permitirá un “mejor pensar,” según sea la forma en que nos enfrentemos al mundo que nos rodea, el que, por un lado se compone, de cosas materiales que nos aporta la naturaleza y por otro lado, de seres humanos que constituyen el cuerpo social del que somos parte.
La relación originaria del hombre con la naturaleza siempre fue complicada para los primeros seres humanos que pisaron este planeta, pues esta nunca les regaló nada, más bien, siempre les puso dificultades, poniendo a disposición de éstos, algunos elementos que en sí no eran la solución directa de sus problemas vitales, sino que eran sólo materia prima, los que para poder cumplir y solucionar sus carencias y necesidades, requerían de buscar la forma de manejar esta materia prima para el logro de sus objetivos, lo que en suma significa que este ser para avanzar en la vida y perpetuar su especie debió dar paso a la actividad mental denominada “pensar;” rudimentaria en sus inicios, pero que para lo requerido cumplía a satisfacción.
Es así como fueron surgiendo y perfeccionándose una serie de actividades como la caza, la pesca, la agricultura, la construcción y muchas más, las que, mediante la acción mediadora del pensamiento inteligente, fueron siendo cada vez más complejas, al punto en que la técnica devino en tecnología y esta última terminó convirtiéndose en el brazo derecho de la ciencia, ambiente que sería propicio en los inicios del siglo XXI, para el lanzamiento de un nuevo tipo de conocimiento -altamente disciplinar- denominado IA.
La IA es una temática que ha sido investigada y experimentada por más de ocho décadas; durante su génesis todos sus estudios y experiencias realizados fueron bastante controvertidos y muchas veces rechazados por no ajustarse a los cánones del desarrollo integral de las sociedades del momento. Desde este punto de vista, se puede decir, que la humanidad en general y los países más desarrollados en particular, no se encontraban aún preparados para comprender y manejar este tipo de conocimiento tan diverso.
En sus inicios (1940) la IA, que aún no era reconocida como tal logró captar el interés de algunos científicos, los que con sus investigaciones trataron de exponer al mundo esta nueva realidad. Es así como en 1943 Warren MacCulloch y Walter Pitts publican el primer modelo matemático de una red neuronal artificial; posteriormente en 1950 Alan Turing publica el artículo “Maquinaria de computación e inteligencia,” en el que propone su famosa prueba para evaluar si una máquina puede exhibir un comportamiento inteligente no distinguible del humano; seguidamente en el año 1956 durante la Conferencia de Dartmouth, John McCarthy acuña oficialmente el término “Inteligencia Artificial,” durante un seminario de verano financiado por la Fundación Rockefeller, y durante 1964 Joseph Weizenbaum crea el primer chatbot de procesamiento de lenguaje natural, capaz de simular una conversación humana.
Los hechos mencionados anteriormente transcurrieron entre 1940 y 1974, etapa que se considera fue la génesis y primeros pasos en lo que sería con el avance del tiempo la llamada IA; pero como ya se dijo antes, este esfuerzo no logró prender de forma que pudiese interesar definitivamente a las ciencias, como a los organismos y gobiernos que pudiesen prestar su apoyo a esta tarea, constituyéndose entre 1974 y 1980 el llamado primer invierno de la IA, producto de su limitada capacidad de cómputo y de las altas expectativas no cumplidas, lo que llevó a que los gobiernos redujeran drásticamente la financiación.
No obstante, si consideramos una mirada histórico-retrospectiva, respecto de la falta de interés y el abandono sufrido por la IA, tenemos que a partir de 1986 y hasta 2017 (más de tres décadas), la situación cambia notablemente generándose una etapa de resurgimiento y consolidación de la IA, la que se muestra en el llamado algoritmo de retropropagación (1986), que consolida una técnica clave, que permite a las redes neuronales multicapa aprender de sus errores sentando las bases del Deep Learning; asimismo en 1996 Deep Blue la supercomputadora de IBM se convierte en el primer sistema basado en reglas en vencer a Kasparov, un campeón mundial de ajedrez.
Desde su consolidación la IA, mantuvo un desarrollo sostenido, sin dar un paso atrás ingresando con altas expectativas al siglo XXI, lo que se hace notar el año 2022 con el Lanzamiento de ChatGPT, momento en que OpenAI lanza su modelo basado en la serie GPT-3.5 a través de una interfaz conversacional, popularizando mundialmente la Inteligencia Artificial Generativa.
Desde ChatGPT en adelante, los hechos reales palpados en la práctica por todo el mundo -científicos, investigadores, académicos, alumnos y hombre común- han evidenciado que la IA pasó de ser una actividad poco reconocida en sus comienzos, a una actividad que ha alcanzado una relevancia insospechada, para las personas, los diferentes gobiernos y para la humanidad toda; la que en su desarrollo se ha comportado como el mejor de los virus, el que se ha diseminado en cada una de las actividades realizadas por el ser humano, a nivel global; sin que exista aún un antídoto que sea capaz de controlar y regular su desarrollo y evolución, el que, como se ha podido apreciar, tiene como característica principal el ser altamente exponencial en su crecimiento.
La situación actual de los diferentes gobiernos, frente al fenómeno de la IA, es de sorpresa y de alta preocupación, considerando que esta herramienta tiene la capacidad de lograr plena aceptación por parte de todos aquellos que son considerados masivamente como usuarios, los que en este momento ya se encuentran solucionando sus problemas del diario vivir con elementos de IA; sin entenderla, ni siquiera tomarse el tiempo de reflexión necesario llegado el momento de tomar decisiones, las que lamentablemente, dado el desconocimiento de lo que en sí es y puede ser la IA, queda en manos de esta impersonal herramienta.
Finalmente, y dentro del contexto de lo ya dicho, si aplicamos algo de imaginación, podremos ver al hombre actual inserto en un mundo inquieto, portador de potenciales insospechados, que momento a momento nos asombra con sus descubrimientos y manifestaciones, que sin mediar nuestra voluntad van penetrando poro a poro nuestros tejidos, hasta que llega el momento en que sin darnos cuenta ya forman parte de nuestra estructura personal, física y mental. Tanto es así, que transforma nuestra relación con el medio llevándonos a variaciones en nuestro modo de ser, convirtiéndose ésta, en una manifestación que adquiere gran fuerza por ser lo que es: “un factum,” un hecho social, y por tanto, sin mayor cuestionamiento aceptado y usado por todos. Por lo tanto, ante la pregunta de si ¿la IA es una herramienta de transformación social?, me atrevo a afirmar que “sí lo es”, bastando para ello contabilizar todos los cambios ocurridos desde el año 2022 al año 2026, en los diferentes ámbitos de nuestra sociedad.
Silvio Becerra Fuica
Profesor de Filosofía




















