El pasado martes se vivió una jornada de duras protestas y violencia en las principales ciudades de Francia. El saldo es clarificador: más de 250.000 movilizados, 480 detenidos y una decena de policías heridos.
De acuerdo a lo que sostiene El País, se trata de un fenómeno que comenzó por una crisis educacional, en torno a las malas condiciones de los colegios públicos y el desgaste del sistema, a la que se plegaron otros sectores sociales.
“El malestar, sin embargo, no se circunscribe a la educación. El descontento también ha comenzado a centrifugar en torno a la crisis energética y al precio de los carburantes en las gasolineras. La cólera no cogió por sorpresa a nadie”, detallaron.
“Pero su aspecto es otro. Francia temía el regreso de los chalecos amarillos, convocados a un presente marcado por los recortes y la subida del precio de los carburantes. Pero hay mucho más. Es una revuelta con aroma a cambio de época”, añadieron.




















